1 de noviembre de 2015

Todo lo que sí nos dijimos


Ellos se hablaban arañándose con cada verso. Se rasgaban la piel con cada beso. Callaban con cada te quiero. Porque lo que ellos tenían que decirse no necesitaba palabras. Se conformaban con estar juntos lo que dura un buen beso, y entonces, con las lenguas enredadas se declaraban amor eterno.

Ellos se amaban de aquella manera. Mordiéndose el alma. Sin despedidas. Con posdatas.

Lo nuestro


Nos hablábamos sin palabras. 
Nos devorábamos sin hambre. 
Nos besábamos sin labios. 
Nos mirábamos sin vernos. 
Nos amábamos sin corazón.

Porque nosotros nos hablábamos contra los labios. 
Nosotros nos devorábamos el corazón. 
Nosotros nos besábamos con palabras. 
Nosotros nos mirábamos con hambre. 
Nosotros nos amábamos a los ojos. 

Porque era nuestro.


26 de octubre de 2015

Herida


Hay dolores de esos que te retuercen el estómago y luego hay otros tan afilados que lo que te retuercen es el alma. Hay un dolor tan permanente, tan recurrente, tan instalado. Ese dolor difícil de explicar, difícil de justificar. Algo tan bestialmente real que da miedo.

Hay dolores que te aplastan bajo las sábanas impidiéndote salir y hay dolores que te rompen al final de cada día. Hay algunos tan incrustados en la mente que la hacen sangrar de forma constante. Ese hilo de sangre que cae y a su paso estremece cada parte del cuerpo al recordar la herida abierta en el alma moribunda.  

Hay dolores a los que la gente intentará quitar importancia, dolores contra los que te exigirán luchar. Pero también hay otros que noquean incluso antes de llegar. Cómo explicar que aunque te vean de pie la fuerza que sostiene tus piernas está tan quebrada que te mantienes erguido por pura inercia. Cómo explicar que la rotura de tu conciencia te ha puesto en el límite de lo soportable. Que el tamaño de tu herida se agranda en un día a día vacío que se ha convertido en la pesadilla en la que no quieres despertar cada mañana.

Los gritos de auxilio ya son mudos. La rendición está cerca.

Porque hay dolores y dolores. Y esta herida que supura con cada bocanada de aire está llena de todos ellos. 


4 de diciembre de 2014

Orgasmo


Lo único que la cubría era una corta falda de vuelo y un sujetador que oprimía sus pechos. Se arrodilló entre las piernas de él y comenzó a desnudarle. Sus manos buscaban ansiosas la bragueta intentando liberar toda aquella tensión que allí se contenía. Él la observaba en la tarea y se limitaba a disfrutar. Los ojos de ella se abrieron sorprendidos y, acompañados de una traviesa sonrisa, se clavaron en los de él, al encontrar lo que parecía el botín más ansiado.

Enseguida, casi sin darse cuenta, se vieron envueltos en pleno orgasmo. En un acompasado ritmo que los empujaba hacia el delirio una y otra vez. Jamás podría olvidar aquella mirada: esos ojos verdes penetrándola con una intensidad aún desconocida para ella. Pudo sentir como la atravesaba el alma, como desgarraba sus pensamientos hasta llenarla de un vacío impropio de su mente. Acababa de entregarse en su totalidad a esas pupilas dilatadas y brillantes que la estaban lanzando a una nueva dimensión de placer.

Había quedado atrapada en esos ojos, probablemente de manera indefinida, porque una semana después seguía sintiendo ese ardor en el pecho al recordarlos. Nunca antes nadie había llegado tan dentro de ella de un simple vistazo. Quizás nunca antes nadie hubiera querido llegar tan dentro como él.


2 de diciembre de 2014

Ocho semanas.


《Entonces abrió la puerta y entró.  Avanzaba por la oscura y abarrotada sala mientras se quitaba el abrigo. Todo eran caras desconocidas. Algunas miradas se cruzaban. Se fue abriendo paso hasta llegar a la primera planta. Subió unos pocos escalones y echó una mirada por toda la habitación como si buscara algo que mereciera ser visto: gente bailando, grupos charlando, algún borracho, o más de uno... Siguió avanzando hacia la barra en busca de una ansiada copa y entonces, al fondo de la sala, entre uno de esos grupos que bailaba, encontró algo que merecía algo más que ser simplemente visto.

-Amiga, ese chico... el de la camisa vaquera. Le quiero para mí.

A pesar de la seguridad con la que se lo transmitió a su compañera, jamás hubiera imaginado lo literal que iban a ser aquellas palabras: le había encontrado a Él.

Y es que aquella noche tuvieron el primer encuentro de los muchos que aún estaban por llegar. Una tremenda casualidad o simplemente el destino, pero por alguna razón aquella noche los dos estaban en el mismo lugar.》


Ocho semanas han pasado desde ese jueves y aún me siento afortunada por haber entrado en aquel bar.
Puede que haya pasado poco tiempo, pero cuando me cogiste de la mano por primera vez, lo supe: eras la pieza que me faltaba, ya no era necesario seguir buscando más.  Y es que eres una de esas personas que hace que mi risa sea un poco más fuerte, mi sonrisa un poco más brillante y, en definitiva, mi vida un poco mejor. Porque a pesar de tu mala costumbre de hacerme reír cuando estoy tratando de enfadarme, solo tienes un defecto y es no despertar cada mañana a mi lado. Por eso espero coincidir contigo en otras vidas, porque una sola me parece muy poco tiempo. Aunque de momento, ha sido, es y será un placer compartir ésta contigo.



19 de noviembre de 2014

Diálogos de última hora


-He dicho que no me voy a ir.
-Vale, tenía que intentarlo por última vez.
-No se me ha perdido nada allí.
-Yo.
-Aún estás aquí. No te vayas.
-Tengo que irme.
-No, no tienes por qué hacerlo. Tu vida está aquí. Yo estoy aquí.
-Tu vida es la que está aquí. No la mía. Me voy.
-¡Por qué tienes que ser tan cabezota!
-Tan solo soy coherente con lo que siento y pienso.
-¡Venga ya! No soporto cuando te pones así.
Silencio.
-No lo entiendes… No quiero que te vayas. O mejor dicho, no quiero estar sin ti.
-Pues ven conmigo. Es tan fácil como eso.
-¿De verdad tú lo ves fácil? Siempre admiraré esa capacidad tuya.
-Es tan fácil como tú quieras que lo sea.
-No, no lo es. Olvídate ya de esa tontería por favor.
-Estoy cansada de discutir este tema. Ya he tomado una decisión. Me voy.
-No.
-¿Qué? ¿Cómo que no? ¿Acaso me lo vas a impedir?
-Haré lo que tenga que hacer pero no pienso dejar que te vayas de mi lado. Me ha costado años encontrarte y ahora que por fin estás aquí, dices que te vas. ¡Pues no! ¡Claro que no!
-Yo tampoco quiero separarme de ti, pero de quien sí que no puedo separarme es de mí misma ni de mis sueños.
-Pero vamos a ver… Se puede saber qué vas a hacer allí, de qué vas a vivir, a qué te vas a dedicar. ¿Realmente crees que la vida es tan fácil como coger una maleta y cruzarte el mundo en busca de aventuras? ¡Eso solo pasa en las películas joder! Necesitas dinero, necesitas trabajo y necesitas valor para dejar aquí a las personas que quieres.
-¿Sabes qué? La vida no se aleja tanto de las películas. Y no, no sé de qué voy a vivir ni a qué me voy a dedicar. Pero lo que sí tengo claro es que no necesito a mi lado a nadie que ponga límites a mis sueños, que de eso ya se encarga la vida misma.
-No puedo creerlo…
-Hasta siempre.

Y justo en aquel momento algo se quebró. En aquella puerta de embarque. Mientras el mundo continuaba entorno a ellos con su habitual y frenético ritmo.

-No puedo vivir sin ti. No quiero vivir sin ti…
-Lo siento, de verdad. Pero me voy.
-No.
-¿No?
-No, no te vas. Nos vamos.


14 de noviembre de 2014

Crónicas descarnadas.


El pelo castaño y alborotado de ella caía sobre mi vientre y caderas. Su culo emergía del final de su espalda elevándose formando dos perfectas circunferencias. Y una pequeña mano se aferraba a mi pecho; la otra se escondía tras su cara, la cual no conseguía ver oculta tras la melena.

Mis jadeos se mezclaban con los de ella, aunque estos últimos ahogados contra la carne. Con una mano me aferraba a la de ella y con la otra enredada entre su pelo la apretaba contra mí aún más. Me sentía a punto de explotar, literalmente. Entonces ella levantó su cara… oh dios… su cara… Me dedicó la mirada más lasciva que yo había visto nunca, con sus labios algo hinchados, húmedos, y el rojo de su carmín medio borrado manchando el contorno de su boca. Su mano agarraba mi pene con fuerza –estaba tan duro que hasta dolía- lleno de saliva y marcas de besos rojos.

Entonces se acercó lentamente a mí, con la boca entreabierta. Yo me aproximé a ella con ansiedad pero cuando nuestros labios empezaban a rozarse se retiró rápidamente con una sonrisa pícara y bajó para seguir devorándome con una intensidad que jamás había sentido. Con los labios me la apretaba con fuerza, subiendo y bajando a gran velocidad. Su lengua la rodeaba una y otra vez con desesperación. Aquella manera de deslizarme dentro de su boca me estaba volviendo loco. Solo podía pensar en correrme. Quería llenarle la boca de mi.

-No pue…do más… -susurré.

Ella me miró sin parar de succionar y aun así pude notar su sonrisa. Sus ojos se cerraron para empezar a comerme con más fuerza que nunca.

Me dejé llevar. Mis piernas se acalambraron. Mi espalda se arqueó. Agarré su cabeza con todas mis fuerzas y me hundí dentro de ella. Joder… Notaba como su boca se llenaba. Sus uñas desgarraron mi pecho. Mi cuerpo empezó a convulsionar de tal manera que se revolvió hasta quedar sobre ella, completamente atrapada entre la cama y mi carne.

Salí lentamente de su boca y el semen empezó a brotar por sus comisuras, corriendo por su cara, por su cuello. Con los ojos aun entrecerrados.

La imagen fue tan brutal para mí que note como volvía la erección. No podía creerlo. Nunca había sentido algo así. Lamí toda su cara hasta enredarme con su lengua, que ardía. La agarré por la cintura y la puse bocabajo. Me agarré a sus caderas y las atraje hacia mí hasta que su culo me golpeó, penetrándola al primer contacto. Su grito y el espasmo de su cuerpo provocaron mi orgasmo. Así que me aferré a su culo y la embestí una y otra vez hasta caer exhausto sobre ella.

[...]
Mi corazón latía contra su espalda y mi boca descansaba en su pelo. Su mano encontró la mía y la agarró con la poca fuerza que podía quedarle. Aquella mujer me había vuelto completamente loco. Mi mujer.



11 de noviembre de 2014

Alberto


-¿Puedo volver a verte? –le pregunté. Mi voz sonó suave, incluso entrañable.
-Claro –me contestó sonriendo.
-¿Mañana? –le pregunté.
-Paciencia, pequeña –me aconsejó-. No querrás parecer ansiosa…
-No, por eso te he dicho mañana- le contesté-. Quisiera volver a verte hoy mismo, pero estoy dispuesta a esperar toda la noche y buena parte de la mañana.

Y pensar que, tal vez, esa ansiedad sea la más clara señal del amor. Cuando en la ausencia las horas parecen días, los días meses; cuando en cada encuentro el reloj corre como desesperado por convertir cada instante en pasado. Con cada despedida comienza una impaciente cuenta atrás que se alarga hasta el nuevo y esperado contacto.

Y es que enamorarse no tiene mayor mérito. Lo realmente difícil –no conozco ningún caso-, es salir entero de una historia de amor. Pero puede que esta vez merezca la pena arriesgarse, puede incluso que merezca la pena romperse. Puede que sí, al menos cuando siento que con cada uno de tus besos se borra una de mis cicatrices.

Debo decir que confío plenamente en la casualidad de haberte conocido. Que nunca intentaré olvidarte, y que si lo hiciera, no lo conseguiría. Que no me canso de mirarte y que te siento mío con solo verte de lejos. Que adoro tus lunares y tu boca me parece el paraíso. Que te quiero. Y que creo que te quise desde el primer instante en que te vi. Porque contigo no existen los tiempos preestablecidos. Llegaste y arrasaste como un huracán, pero a diferencia de él, dejando mucho más de lo que te llevabas. Te daría las gracias por haber aparecido en mi mundo, de esta manera, en el momento más oportuno. Pero creo que mereces mucho más que simples palabras, así que prometo querer todo eso que para mí significas, para siempre, que como dice mi amiga, tampoco es tanto tiempo.

Porque en eso consiste amarte: ponerme en tus manos sabiendo que podrías destrozarme y aun así confiar en que nunca lo harás.



10 de octubre de 2014

Incertidumbre


Las ganas de tomarla aumentaban exponencialmente con el paso de los días. Cuánto más la conocía, más cerca se sentía de ella. Siempre a un nivel mental, espiritual. Pero la deseaba, oh dios cómo la deseaba... Cuántas veces había fantaseado con su cuerpo, con su boca, con ella en su forma más lasciva. Aun así la respetaba demasiado como para traspasar ese muro, aparentemente infranqueable, que ella se había encargado de construir. Al menos físicamente, porque su mente no dejaba de torturarle con un constante y macabro juego en el que ella accedía a sus más profundos deseos: sus bocas devorándose con ansiedad, sus manos agarrándose con desesperación, sus cuerpos enredados, calientes, mojados, juntos. 

La tenía a todas horas en la mente, clavada, grabada. No había sido consciente del tiempo que llevaba buscando a alguien como ella hasta que apareció. Es por eso que se negaba a dejarla escapar, pero era demasiado pura como para retenerla. Jamás habría sido capaz de corromper aquella conexión que sólo tenía con ella, más allá del deseo, del sexo. Incluso a él le costaba entenderlo, y por ello nunca encontraba el valor de transmitírselo, temía que las palabras lo estropearan. Pero si sus mentes se entendían así, ¡cómo no lo harían sus cuerpos!

No sabía cuántos días más sería capaz de soportar aquella incertidumbre que tanto odiaba, pero tenía claro que ella (la ocasión) merecía, al menos, un poco más de su tiempo, un poco más de él.



Belleza


"Somos esclavos de lo que vemos. Somos esclavos de la belleza que se ve. La belleza que se toca, la que va de fuera hacia dentro. Pero la belleza de verdad, la que sobrevive a los años y la que realmente acaba cambiando las cosas, es justamente la que recorre el camino contrario. Lástima que esa sea siempre tan escasa."