10 de octubre de 2014

Incertidumbre


Las ganas de tomarla aumentaban exponencialmente con el paso de los días. Cuánto más la conocía, más cerca se sentía de ella. Siempre a un nivel mental, espiritual. Pero la deseaba, oh dios cómo la deseaba... Cuántas veces había fantaseado con su cuerpo, con su boca, con ella en su forma más lasciva. Aun así la respetaba demasiado como para traspasar ese muro, aparentemente infranqueable, que ella se había encargado de construir. Al menos físicamente, porque su mente no dejaba de torturarle con un constante y macabro juego en el que ella accedía a sus más profundos deseos: sus bocas devorándose con ansiedad, sus manos agarrándose con desesperación, sus cuerpos enredados, calientes, mojados, juntos. 

La tenía a todas horas en la mente, clavada, grabada. No había sido consciente del tiempo que llevaba buscando a alguien como ella hasta que apareció. Es por eso que se negaba a dejarla escapar, pero era demasiado pura como para retenerla. Jamás habría sido capaz de corromper aquella conexión que sólo tenía con ella, más allá del deseo, del sexo. Incluso a él le costaba entenderlo, y por ello nunca encontraba el valor de transmitírselo, temía que las palabras lo estropearan. Pero si sus mentes se entendían así, ¡cómo no lo harían sus cuerpos!

No sabía cuántos días más sería capaz de soportar aquella incertidumbre que tanto odiaba, pero tenía claro que ella (la ocasión) merecía, al menos, un poco más de su tiempo, un poco más de él.



Belleza


"Somos esclavos de lo que vemos. Somos esclavos de la belleza que se ve. La belleza que se toca, la que va de fuera hacia dentro. Pero la belleza de verdad, la que sobrevive a los años y la que realmente acaba cambiando las cosas, es justamente la que recorre el camino contrario. Lástima que esa sea siempre tan escasa."


29 de agosto de 2014

Decadencia


Y volvimos a encontrarnos con aquel jodido recuerdo. Aporreando nuestra mente en un intento de taladrarla como nunca, o como siempre. Nada podía alejarnos de aquella mierda que parecía perseguirnos allá donde fueramos. La verdad es que ya no estaba tan cerca, ya no lo llevábamos tan dentro. Y aún así dolía. Dolor tatuado, no con tinta, sino con amor. 

(Vamos a hacernos cicatrices nuevas). 


29 de julio de 2014

Fantasías. Parte 2


Y allí estaba plantada yo. Delante de aquella pantalla azul llena de letras y números, donde yo solo veía sueños. Las posibilidades se agolpaban en mi cabeza, cada una mejor que la anterior. La verdad que podría haber elegido al azar, cualquier opción era buena. Pero no era capaz de decidirme por un solo destino.

-Sabes que no tienes porqué elegir. Tan solo establece un orden y recorramos cada rincón de esos sitios.

Me giré y ahí estaba, con los brazos en la cintura y una sonrisa paciente. Llevaba más de una hora delante de esa pantalla y él no se había movido de mi lado. Necesitaba disfrutar de aquel momento. Jamás me había sentido tan absolutamente libre. Volví a mirar al montón de letras amarillas sobre fondo azul con la seria intención de encontrar de una vez el que sería el comienzo de todo.

Estaba muy concentrada en mi tarea, quizá por eso me asustó su contacto. Cuando me quise dar cuenta sus brazos me tenían ya atrapada y su boca estaba atrevidamente cerca de la mía, siempre con esa sonrisa dibujada.

-¿Vas a besarme? -le dije casi en un susurro.
-Cuando elijas nuestro destino -me respondió apartándose sutilmente, mientras las maletas rodaban a nuestro alrededor.
-Ya lo he hecho.

Entonces, sin soltarme, miró la pantalla. Ninguno dijo nada. Volvió a mirarme y susurró:

-AR1133.

Y me besó.

-¿Sabes que quedan treinta minutos para que salga ese vuelo? -advirtió aun con sus labios en mi boca.
-Tendremos que correr entonces -mi sonrisa se hizo gigante.

Cogió mi mano, en la otra llevaba nuestra dichosa maleta vacía, y empezamos a correr por aquellos largos pasillos. La gente nos miraba divertida. Nosotros no dejábamos de reír. Entonces llegamos al mostrador, exhaustos, jadeando. Y una enorme sonrisa de labios rojos nos recibió:

-Bienvenidos a Aerolíneas Argentinas, ¿en qué les puedo ayudar?
-Queríamos dos billetes para el próximo vuelo, que es... -eché un rápido vistazo al reloj- ¡ya!

La joven parecía estar divirtiéndose mucho, se puso a teclear rápidamente y entonces nos preguntó:

-¿Ida y vuelta?

Nos miramos. Solo nos miramos.

-No, solo ida.



28 de julio de 2014

De repente


Y ahí está. Aparece alguien y lo revoluciona todo. Casi no te da tiempo a darte cuenta de donde ha salido cuando ya está dentro. Pero qué más da de donde salga. Ahora solo esperas que se quede todo el tiempo posible. 


23 de julio de 2014

Fantasías


Debía ser muy pronto, aunque ya había amanecido. Unos leves rayos de sol se colaban por la ventana junto al canto de algunos pájaros. Miré el reloj. Las siete y veinte. De repente volví a oir ese desagradable ruido que me había despertado. ¡El timbre! Quién demonios sería a esas horas. Salté de la cama y de camino a la puerta me puse una sudadera que encontré por el suelo. Volvió a sonar por tercera vez y eso terminó de despertarme. Ni siquiera se me ocurrió asomarme a la mirilla. Abrí la puerta sin pensarlo. Y allí estaba. Guapo como siempre, radiante como nunca. 

-Tú... ¿Qué... qué haces aquí?- fue lo único que atiné a decir. Entonces fue cuando ví la enorme maleta que había a su lado. Cada vez lo entendía menos. Y allí seguía él, plantado de pie, con una sonrisa que se le salía de la cara y sin decir una sola palabra. Entonces me dí cuenta de que estaba en bragas y en un intento inútil de taparme tiré de la sudadera todo lo que pude. Y una breve carcajada rompió el silencio: 
-No me digas que ahora te da vergüenza que te vea... así- dijo mientras me echaba una lenta mirada de arriba a abajo. 
-¡Vaya! ¡Creí que no ibas a hablar nunca!- mi tono iba subiendo según hablaba, cada vez estaba más nerviosa -¡¿Se puede saber que haces aquí?! 
-¿Y se puede saber por qué me gritas?- me respondió sin borrar esa estúpida sonrisa de su cara. Suspiré intentando calmarme un poco y retomé con un tono más calmado: 
-Apareces a las siete de la mañana en mi puerta, sin avisar, con esa maleta gigante. ¿Qué coño llevas en la maleta?-. Su sonrisa se hizo más grande todavía y entonces dijo: 
-Nada. 
-¿Nada? 
-Nada, está vacía. 
Estaba atónita. Cada vez entendía menos, estuve a punto de pellizcarme pensando si seguiría soñando. 
-¿Y para qué quieres una maleta vacía? 
-Mejor te lo explico por el camino. Termina de vestirte,- dijo mientras me lanzaba una mirada picarona a mis braguitas de Mafalda- coge el móvil y algo de dinero. Bueno no, mejor deja el movil y coge la cámara de fotos. 
¡Dios! Me estaba matando tanta intriga... 
-¿Y se puede saber a dónde se supone que vamos? 
-Aún no lo se. 
Estaba ya histérica, ¡¡¿qué mierda estaba diciendo?!!
-Haz el favor de explicárme todo esto porque estoy empezando a ponerme un poco nerviosa.
-Mira que eres difícil eh... -su sonrisa se volvía divertida a la vez que algo nerviosa- Vístete y vámonos, lo único que necesitas ya lo llevas contigo.
Me crucé de brazos y fruncí el entrecejo en un intento de parecer entre indignada y enfadada.
-Vale, vale... -parece que mi intento de enfado tuvo su efecto- Nos vamos, y no, no me preguntes dónde porque aún no lo se y si te soy sincero tampoco me importa mucho ahora. Tira un dardo a un mapa, gira una bola del mundo o vámonos al aeropuerto y cojamos el primer avión que salga. Da igual, pero vámonos. 
Mis ojos estaban como platos, creo que incluso tenía la boca abierta. Se había vuelto loco.
-¿Y la maleta?
-La maleta está vacía. Y lo está porque quiero que la llenemos, de aventuras, de historias, de recuerdos, de experiencias y emociones. Y sobre todo quiero que la llenemos de felicidad, mucha felicidad.
-¿Me lo estás diciendo en serio? -las lágrimas corrían ya por toda mi cara. Definitivamente tenía que estar soñando.
-Claro que te lo estoy diciendo en serio. ¿Por qué lloras? Esto es lo que siempre habías querido... -dijo con cierta preocupación.
-Así, ¿tan fácil? 
-No, no va a ser fácil, pero va a ser.

No podía creerlo. Pero tampoco quería pararme a pensarlo. Me di media vuelta y entré corriendo en mi habitación. Me puse los primeros vaqueros que pillé y las zapatillas. Metí el poco dinero que tenía en efectivo en mi bolsillo y me colgué la cámara del hombro. Volví otra vez corriendo a la puerta con miedo de que nada de lo que acababa de pasar fuera real. Pero ahí seguía él. La sonrisa le ocupaba toda la cara.

-Vámonos. -Fue lo único que le dije con los ojos aún llorosos. Me lancé a sus brazos y fue entonces cuando él suspiró y noté como se relajaba, no había notado lo tenso que había estado todo este tiempo -Gracias, gracias por acompañarme.


18 de junio de 2014

Entre polvo y polvo


Una gota se deslizaba por la curva de su pecho, dejando un rastro húmedo a su paso. Los jadeos aún se mezclaban con los últimos besos mientras las manos del uno recorrían el cuerpo del otro todavía acalambrado. Sus corazones no habían dejado de latir a un ritmo frenético y sus lenguas empezaban a enredarse otra vez. Las caricias se convertían en marcas en la piel y los jadeos en gemidos ahogados. Su boca recorría el cuerpo de él con desesperación, devorando cada rincón con un hambre insaciable. Sus cuerpos ardían, juntos, pegados, a un mismo ritmo, cada vez más rápido, cada vez más fuerte. 
Estaban ya empapados, sus pieles resbalaban y les costaba agarrarse. Por eso cambiaron las caricias por golpes y embestidas. Necesitaban sentirse cada vez más juntos. La cama crujía como a punto de partirse y los gritos retumbaban contra las paredes. Ella clavaba sus dientes en el hombro de él, en un intento de soportar aquella sensación que se movía entre el dolor y el placer, y que la estaba dejando sin aliento. 
De pronto lo sintió, ahí estaba otra vez, ya subía por sus piernas y estaba alcanzando sus caderas haciendo que se movieran cada vez más rápido. Ya está. Ya había invadido todo su cuerpo. Se agarró a él con fuerza y se dejó llevar por las sacudidas de su cuerpo convulso. Cayó exhausta entre sus brazos, como deshecha. Entonces fue cuando él la liberó de aquella tensión y dejó que ahora su placer fluyera por la piel de ella mientras se mezclaba con el sudor de ambos. Se derrumbó sobre su tembloroso cuerpo, aferrándose a su pecho con necesidad. Le encantaba tal y como la tenía allí, desnuda, frágil, débil y empapada... Suya.

17 de diciembre de 2013

Lloro al amor


El amor, el amor, creo en el amor por encima de todo, el amor es como el oxígeno, el amor es esplendoroso, el amor nos eleva a nuestra esencia. Todo lo que necesitas es amor... Una vida sin amor no es vida.”


Así empieza el mayor canto al amor que jamás he podido oír. Un canto bohemio que inspira mi forma de sobrevivir a esta macabra aventura a la que llamamos vida. Y es que no habrá nada que me haga mirar a través de otro ojos que no sean los del amor. Y es precisamente, en estos momentos de intenso dolor, cuando más creo en ello pues ¿acaso hay algo más característico del amor que el puro sufrimiento? Ese dolor tan fríamente afilado que quema cada rincón de tu alma. Un dolor que golpea una y otra vez, sin darte un respiro, con tal fuerza que a veces incluso dudas que seas capaz de volverte a levantar. Te remueve las entrañas. Las piernas te flaquean. Oprime tu pecho hasta dejarte sin aliento. Qué tortura tan dulce cuando es la marca de tus besos aún en mi cuerpo la que abrasa mi piel. Tu olor todavía impregnado en mi ropa se adhiere a mi en un intento de sobrevivir al olvido. Pero qué olvido si con cerrar los ojos te tengo frente a mí, en una cruel fantasía que me recuerda cuánto te quise, cuánto te quiero. Este dolor no es nuevo en mí, pero sí la herida que se abre en este corazón magullado anhelante de amor. Una cicatriz imborrable dibujada en mi alma con un reguero de besos y caricias. Hay marcas que jamás desaparecen, como mi amor por ti, incrustándose en las profundidades más intrínsecas de mi ser, allá dónde el placer muere aplastado por el dolor. Es precisamente ese dolor el que jamás permitirá que deje de creer que no hay nada más maravilloso en este mundo que AMAR a alguien. Y es que si renuncias al amor, estarás renunciando a la vida.

Ama hasta que te duela, porque si no duele no es amor...



Si hay algo de lo que sé, es del amor, quizá porque lo anhelo intensamente con cada fibra de mi ser”.

16 de diciembre de 2013


A mi amor,


Al final no fui capaz de hacerte entender el sentido de la vida. Puede que fracasara en el intento pero si hay algo que verdaderamente conseguí es amarte, amarte en el sentido más puro de la palabra. Espero haberte transmitido algo de este espíritu joven, soñador y loco que me acompaña. Sigo pensando que no has aparecido en mi vida por casualidad y puede que por eso cada momento a tu lado haya sido un regalo. Así que no me pidas que renuncie a aquello en lo que creo, aquello por lo que siento.
Siempre voy a llevarte conmigo, por muy lejos que vaya, echaré de menos cada centímetro de ti. Créeme que si pudiera hacer algo por mantenerte junto a mi ya lo habría hecho, pero tú eres el único que puede ponerle otro final a esta historia. Ahora solo espero que no sea verdad eso de que vas a renunciar al amor y a la felicidad, porque jamás te lo podría perdonar. Date tiempo para pensar, sobre todo para sentir, y para reordenar tu cabecita. Porque si algo está claro es que nada volverá a ser como antes.
Me parte de dolor que no existan palabras para pedirte que me quieras incondicionalmente como yo te quiero a ti. Aún así nunca nunca nunca voy a olvidarte, eres de las personas más importantes que han aparecido en mi vida. Y por eso y lo mucho confío en ti, siempre tendré la esperanza de vivir una maravillosa vida a tu lado, tu y yo.
Te lo he dicho mil veces y nunca me cansaré de repetírtelo, no te condenes a ser infeliz.

Te quiero con locura, te quiero como nunca seré capaz de volver a querer a nadie. No me olvides nunca por favor...



Siempre tuya.